Logo de ACI Prensa
30 de octubre de 2014
Sacerdote de las villas miserias: El Papa me ayudó en mi crisis sacerdotal
El Papa Francisco y el "Padre Pepe"

ROMA, 05 Sep. 13 / 08:19 pm (ACI/EWTN Noticias) .- El 24 de agosto el Papa Francisco recibió en el Vaticano al sacerdote José María di Paola, más conocido como el Padre Pepe, un viejo amigo que continúa su apostolado en las villas miserias de Buenos Aires, en gran parte gracias al apoyo del Cardenal Bergoglio, quien lo acompañó durante una grave crisis que le hizo abandonar su vocación.

El Papa Bergoglio “me acompañó en aquel momento de crisis como un padre, con gran delicadeza de ánimo. No me decía lo que debía o no debía hacer. Escuchaba, se interesaba, decía con claridad lo que pensaba. Pero siempre con libertad. Me acompañaba en un camino en el cual, en plena libertad, he podido reconocer que mi vocación era realmente la de ser sacerdote… Igual que el padre de la parábola del hijo pródigo”, explicó el Padre Pepe en una entrevista concedida al diario italiano Avvenire en Roma.

El Padre Pepe conoció al Papa Francisco en el año 1993 cuando todavía era uno de los obispos auxiliares de Buenos Aires. Era sacerdote desde hacía siete años cuando comenzó una crisis existencial que le llevó a plantearse abandonar los deberes del sacerdocio para formar una familia.

A pesar de su confusión interior, el Padre Pepe quería ser leal y transparente, y pidió a la Iglesia una dispensa de sus obligaciones sacerdotales. Por un año trabajó en una fábrica de zapatos y durante ese tiempo, siempre estuvo acompañado de Mons. Bergoglio.

“Cuando le dije que estaba atravesando esta crisis –señaló el Padre Pepe-, él no forzó la mano. Me dijo solamente: ‘Cuando le apetezca, venga a verme’. Me inspiraba mucha confianza, así que empecé a ir a verlo una vez al mes”.

Al salir de trabajar, el sacerdote caminaba entre dos y tres horas para ir a la catedral a hablar con Bergoglio, quien siempre le esperaba, incluso en la noche, y le abría personalmente la puerta.

Tal y como dice la parábola del hijo pródigo, Pepe regresó a la casa de su Padre, y todavía recuerda con cariño el día que le anunció al Cardenal Bergoglio sus deseos de volver a los deberes del sacerdocio: “Padre, aquí estoy… Me gustaría celebrar la Misa”: “Él me abrazó y me sentí muy feliz”, explica.

El Papa Francisco decidió que la primera Misa después de la crisis la celebraran el día de la Fiesta del Amigo, el 20 de julio, en la iglesia de San Ignacio, donde debían confesar a una señora y unas amigas.

“¡Yo no sabía que esta señora había sido prostituta y que sus amigas todavía ejercitaban este trabajo! Pero esta fue la Misa con la cual retomé el camino sacerdotal unido a mi Obispo, y fue para los dos muy significativo”, recordó.

“Después de aquél periodo Bergoglio comenzó a enviarme diversos sacerdotes y seminaristas. Me decía: ‘Escucha, por favor, ve tú a hablar’. Me pedía que ayudara a otros sacerdotes, confiaba que la experiencia existencial que pasé hubiera podido ayudar a otros”.

“Ahora todo hago con fuerza, una convicción y una paz interior que antes no tenía. Desde aquél momento no dudé más en el hecho de que mi vocación es darle todo a Cristo y a la Iglesia a través del sacerdocio”, añadió.

Durante el encuentro en el Vaticano con el Papa Francisco, el sacerdote mantuvo una amena conversación de dos horas y media. Llegó al Vaticano con un equipaje enorme repleto con cartas, objetos y pequeños regalos para el Sumo Pontífice de la villa en la que trabaja.

Esta es la primera vez que el Padre Pepe encuentra al Cardenal Bergoglio después de su elección papal. “Temía que el peso del nuevo gobierno lo hubiera cansado, pero en cambio lo he encontrado más vital, lleno de energía, de ideas… es más ¡Ha rejuvenecido!”, concluyó bromeando.

El sacerdote llegó a Italia con motivo del "Meeting de Rimini", un encuentro de carácter anual que desde 1979 organiza el movimiento católico Comunión y Liberación, en que se dan cita numerosas personalidades relacionadas con el mundo religioso, intelectual, político y económico.

El Padre Pepe trabaja desde hace seis meses en la villa La Cárcova, ubicada en José León Suárez, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, y realiza tareas sociales y pastorales donde asiste a los jóvenes que cayeron en el mercado de las drogas y la corrupción, y los marginados.